Uno cosecha lo que siembra

 Llegó otro año electoral y, con sus postes cubiertos de propaganda, Caracas comienza a verse un poco más familiar. Ya estoy acostumbrado, con sólo 24 años he votado al menos cuatro o cinco veces, dos de ellas como miembro de mesa. Hay otros síntomas también, como la repentina necesidad de reparar las calles, el apilamiento del panfletos en el asiento trasero del carro, los timelines repletos de spam político, además de los nuevos rumores sobre la salud del presidente. Pero no entremos en ese tema, no es la intención de este escrito. 

Este año traerá cambios y es sólo natural que suceda. La frase dice: “el mejor gobierno es aquel que no se siente”, y éste no ha sido el caso desafortunadamente. Nos ha tocado vivir 13 años de una política igual de dañina como lo ha sido perceptible, un período que para muchos de mi generación significa más de la mitad de nuestras vidas. Pone en perspectiva el argumento de la cuarta y la quinta república, ya que lo más lejos que recuerdo es el golpe del ’92, y es sólo por el avión que rompió la barrera del sonido. Mi siguiente memoria en materias de política es las elecciones del ’98. En otras palabras, no conocemos más que esto. Para mi generación, las marchas en la época del paro no significaron más que lo poco que entendíamos del panorama en el momento y tampoco supimos con certeza, sino hasta años después, cómo Carmona nos dio esperanzas a la misma vez que nos condenaba a 10 años más de chavismo.

Lo ingenuo no nos salvó de la revolución. Al contrario, nuestra adolescencia estuvo bastante marcada por este gobierno y su contraparte. Crecimos viendo como un pequeño grupo de personas desmantelaba el país bajo la bandera del socialismo, asegurando así su fondo de retiro. Se encargaron de dividir al pueblo para mantenerlo distraído y ocupado, y sin participar directamente en el proceso, nuestra generación fue víctima del rencor que se difundió en la sociedad venezolana. Repentinamente, ya no éramos todos hermanos y fue difícil entender por qué. Con el tiempo, nos convertimos en adultos para vivir una Venezuela muy distinta a la que figuraba en los cuentos de nuestros padres. Aquella sociedad que prosperaba a ser de las más avanzadas en Latinoamérica y el mundo, ahora se ve manchada de corrupción, pobreza, odio y violencia.

A pesar de haber vivido la mayor bonanza petrolera en la historia de nuestro país, vimos como la pobreza y el hambre se convirtieron en delincuencia, y la anarquía tomó las calles de nuestras ciudades. Hemos escuchado a nuestros dirigentes mentirnos repetidas veces sobre la inseguridad que vivimos cada día y de la cual la mayoría hemos sido víctima. Incluso los vimos censurar a un artista por tener un video amarillista y aquí estamos, un año y medio más tarde, rezando porque se recupere del disparo que recibió mientras lo asaltaban. A estas alturas, el descaro los delata. Alguien que realmente ama a su país no puede ignorar los miles compatriotas que mueren anualmente a manos del crimen. Según el Observatorio Venezolano de Violencia, solamente en el 2011 asesinaron a casi 20mil personas, y el gobierno continúa lavándose las manos pretendiendo culpar a otros por sus fallas.

Somos la generación que se quedó varada, los que vimos al país detenerse mientras que el mundo continuaba hacia el nuevo milenio. Y en el medio del escenario, se encuentra la nueva burguesía que cada vez le teme más al futuro, pues cada vez se garantiza menos que ahí esté su querido líder. Se acabó la fiesta roja y le toca el turno a quienes sí quieren a su país. Somos jóvenes pacíficos que entienden que por el progreso y el cambio se trabaja. Ya lo demostramos en el 2007 y Octubre no será la excepción. Como dijo Apache en su último disco: “Aquí no hay mala hierba, sino malos cultivadores”. Ha llegado el momento, después de 20 años de vida política, para que recoja sus frutos. Y aquí estamos mi comandante, ¡uno cosecha lo que siembra!

Av. Libertador #Caracas  (Taken with instagram)

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Tags: caracas

#YunqueSingle (Taken with instagram)

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Tags: yunquesingle

Nuevo tatuaje: Lauburu. Por: @juancarlos_art en @barbariatattoo (Taken with instagram)

Nuevo tatuaje: Lauburu. Por: @juancarlos_art en @barbariatattoo (Taken with instagram)

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Anonymous asked: Por qué Adriántxu.?

Porque mi familia es vasca y en euskera “txu” es un diminutivo.

kalinares:

@viniloversus Val City

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@viniloversus Val City

Ya no tengo ropa roja

Nunca me ha gustado empezar de forma negativa. Obviamente, no es secreto a qué hace referencia el título de este artículo, pero esa fue la idea que arrancó la cadena de pensamientos que me llevó a mi conclusión; esa de la que pretendo hablarles. Todo sucedió un domingo hace un par de semanas, alrededor del mediodía, cuando salí a mi terraza para hacer algunas llamadas y aprovechar el sol que no salía en días. No tardé en ver que mi vecino estaba haciendo una parrilla y conversaba con un tipo vestido de chemise y gorra roja. Inmediatamente, tal cual doña, me fijé si tenía un logo oficialista; y lo vi. En el momento me hirvió la sangre, no sé exactamente por qué, pues no me dio tiempo de pensar antes de que atendieran mi primera llamada.

“Ya no tengo ropa roja”-, pensé más tarde mientras trabaja en la computadora. “Y ninguno de mis amigos tampoco… Quizás esa fue la razón por la que me llamó tanto la atención”-. Me di cuenta que dejé de usarla hace varios años por razones obvias. Incluso, tengo sólo las camisas de visitantes de dos de mis equipos preferidos de fútbol, el Caracas F.C. y la selección de España, porque, bueno, las de casa son rojas. Y sí, aunque en el momento la decisión de dejar de usar el color fue tan ridícula como suena ahora, me dí cuenta que tiene un significado más profundo. No sólo es una manera de no unirnos a ellos, también es una forma de distinguirnos como personas de principios entre tantas cosas negativas que acompañan al color en este lugar y momento, es decir, separarnos del estereotipo. Y quiero aclarar que he dicho separarnos del estereotipo, no de la persona. Igual no me preocupa, ya tenemos a alguien encargado en ese departamento desde hace más de 10 años.

El fundamento detrás de esta lluvia de ideas es que las personas cambian. Aunque me encantaría citar la famosa frase de Churchill, esto no se trata sobre ser o no ser comunista, socialista, o como lo queramos llamar. Como dije antes, se trata sobre ser personas de principios. Me explico: en algún momento escuché, vía radio, una discusión en la Asamblea Nacional que comenzó con la intervención de un diputado oficialista acerca la tal llamada revolución agraria y como ha incrementado la producción de ciertos alimentos en nuestro país. Cuando le tocó el turno a su colega opositor, con pruebas en mano y en menos de 3 minutos, desmintió todas las declaraciones oficiales que se han hecho al respecto, incluso algunas del comandante. ¿Y cómo reaccionó el diputado oficialista? Por supuesto, obviando la contundente callada de boca, sólo para hablar de cómo el capitalismo salvaje de nuestros gobiernos pasados destruyó el país, y el resto de aquel discurso del que estamos hartos. Aparentemente, sí se puede ser así de cara de tabla. Pero al final, el teatro socialista sólo me aburre porque sea ese o no el problema, definitivamente no es la solución.

Me destroza el corazón ver al resto del mundo avanzar hacia el s. XXI,  mientras que seguimos peleando por teorías utópicas que han fracasado numerosas veces en el pasado. Quiero ver a mi país aprovechar de su potencial en la industria del turismo, para así generar empleos, descentralizar nuestra economía y dejar de depender del petróleo, esa bendición que tanto contamina al planeta. Quiero que la infraestructura aeroportuaria de mi país sea utilizada para el turismo, para transportar alimentos y medicamentos, y no como la cadena de distribución de narcotraficantes. Quiero que la corrupción sea un mal del pasado, lo que hacían quienes no sabían mejor. Esas son tan sólo un par de cosas que me gustaría que sucedieran; y lo único que hace falta es que las visualicemos, junto a lo que TODOS queremos cambiar, para que nuestro país y nuestro planeta sean mejores lugares. Nuestra generación entiende que lo importante no es quién lleve el volante, sino que todos sepamos exactamente hacia dónde vamos y qué queremos. En ese lugar no hay espacio para pelear por partidos políticos -ya eso lo superamos-, sino para permitir que trabajen quienes saben y, por supuesto, para disfrutar de los beneficios de nuestra labor.

Cuando digo “ya no tengo ropa roja”, también estoy diciendo que no tengo tiempo para el que va por el hombrillo de la autopista para ahorrar tráfico, ni para el que tira basura en la calle, ni el que insulta, el que agrede, el que roba y no respeta. Y que quede bien claro, no estoy culpando a quienes se visten de rojo de nada de lo anterior, pero sí digo que le hacen el mismo daño a nuestro país, la sociedad y el planeta. La única manera de lograr el avance, o al menos el mejor punto de partida, es hablarlo y discutirlo. Yo no soy político, economista, administrador, abogado o sociólogo, así que me descarto como candidato para dirigirnos; pero a pesar de que soy músico, creo que lo que digo tiene bastante sentido. Después de todo, ¿a quién no le gustaría vivir en una sociedad amorosa y respetuosa, donde es posible desarrollarnos a nuestro máximo potencial?

Ya me abrí la cuenta en Twitter, ¿y ahora qué?

Este artículo fue escrito para el Especial de Música de Guayoyo En Letras, publicado el Lunes 2 de Mayo de 2011. Para ver el artículo haz click aquí. Y bueno, ya que la abrí, mejor será compartirla: @AdriantxuSalas.

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Hablar del Internet se está poniendo un poco repetitivo. En lo personal, estoy aburrido de la típica conversa sobre la revolución 2.0. No es secreto que la web se ha incorporado a nuestras vidas; nos acompaña en el hogar y en la oficina, en la calle, en restaurantes y centros comerciales, en aeropuertos y aviones, y pare de contar. Pero cabe destacar que Google se fundó hace más de una década y estamos enviando emails incluso desde antes. La novedad digital se está convirtiendo en lo cotidiano y, sabiendo que el Internet está a nuestro alcance, viene lo más importante: ¿qué vamos a hacer con él, además echar chismes y tumbar presidentes?

Músicos alrededor del mundo ya tomaron su decisión. Lo han adoptado como su principal medio de difusión y promoción; después del declive de las discográficas, por supuesto. Y no sólo disfrutan de la ventaja de llegarle de forma gratuita al planeta entero, también controlan y dirigen su proyecto hacia donde quieren. Ahora pueden estrenar sencillos, fotos, videos, discos, merchandise y hasta shows en vivo, sólo con un click. Sirve como un medio directo para comunicarse con sus seguidores y, como si fuese poco, también sirve como sala de reuniones y ensayos para bandas como La Vida Bohéme y Masseratti 2lts., cuyos integrantes viven en países diferentes.

Para quienes ya estaban en el negocio, Internet ha hecho que regalar música sea rentable. Sino pregúntenle a Trent Reznor, quien en el 2009 regaló desde su página web el álbum “The Slip” de su banda Nine Inch. No sólo recuperó aproximadamente $750.000 en ventas de una edición especial del disco, sino que además realizó la gira más exitosa de la banda hasta la fecha. Por otro lado, también ha sido generoso con quienes apenas se incorporan al negocio. Gracias a páginas como Myspace han surgido artistas hechos en la web, como los son: Arctic Monkeys, Kate Nash, Klaxons e incluso Justice. Sin duda alguna, es un invento revolucionario que enamoró a los músicos. Y lo grandioso es que apenas comenzamos a descubrir sus infinitas posibilidades, a diferencia del antiguo y rígido mundo de las discográficas.

Pero no hemos llegado hasta aquí por casualidad, ni de la noche a la mañana. En el camino pasamos de usar ICQ a Skype, de escribir emails a mandar DM’s por Twitter. La evolución dejó de considerar lo análogo y ahora sucede de forma independiente en el mundo digital cuando renovamos nuestras interfaces y aplicaciones, algo que sucede cada vez con más frecuencia. Hemos aprendido a adaptar el Internet a nuestras necesidades individuales, como consumidores y también como generadores de contenido. Pero sobre todo, hemos aprendido a valorar la información que compartimos y su veracidad. Nos dimos cuenta de que esa información depende de nosotros para vivir, pues de no ser relevante se pierde en la red.

Como les decía, la pregunta no es qué ha hecho Internet, sino qué podemos hacer nosotros para continuar con la revolución de la información. Para los músicos representa un contacto directo con nuestros seguidores y con el resto de los mil quinientos millones de usuarios de la web. Sería absurdo no aprovechar la oportunidad, estoy seguro que todos tenemos algo que decir. Y lo importante no es la forma, es decir, qué red social esté de moda en el momento, sino el contenido qué publiquemos. Independientemente de cómo demos el mensaje, siempre debemos concentrarnos en qué dirá y, eventualmente, en el feedback que recibamos de vuelta. Hay que recordar que nos conectamos única y exclusivamente para buscar información y aquellos que no generen contenido para este mundo digital, sencillamente serán irrelevantes.

EDITORIAL: #EspecialMúsica de @GuayoyoEnLetras

 

Esta fue la editorial para el Especial de Música de Guayoyo En Letras, publicado el Lunes 2 de Mayo de 2011. Para verla haz click aquí.

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Foto: Camila Ayala

En primer lugar, debo confesar que me emociona mucho redactar estas líneas. Después de todo, es el primer editorial que escribo y la verdad es que no pensé que lo haría en ningún momento cercano. Debo agradecer a Miguel Velarde, Román Pizzolante, Andrés Volpe y todo el equipo de Guayoyo en Letras por haberme prestado, aunque sea por una edición, las páginas de su revista para compartirlas con mis colegas: los músicos venezolanos.

En esta edición celebramos el renacer de una movida musical venezolana y lo hacemos de la mano de quienes la construyeron. Desde músicos y fotógrafos, hasta managers y locutores, les ofrecemos un enfoque diferente a los temas que maneja regularmente la revista. Podrán leer las experiencias de Luis Jiménez durante la creación del último disco de su banda Los Mesoneros, cómo fue para Luz Verde cruzar el charco e instalarse en Barcelona, y un artículo increíble sobre la música como factor de cambio social escrito por Maikel Melamed.

Le dimos la vuelta a secciones como Curiosidades y Qué ver, leer y escuchar, donde disfrutarán la entrevista con el Profesor Zitelmann, uno de los más reconocidos directores de videoclips en Venezuela y el Top 10 de bandas de rock venezolanas a lo largo de la historia, escrito por Juan Carlos Ballesta de la Revista La Dosis.

Es una edición repleta de arte, expresión y sentimiento. Y aunque me encantaría poder hablar detalladamente de todo lo que la hizo, los dejo, con ánimos de no arruinar la sorpresa, para que ustedes mismos descubran lo que les espera en la primera Edición Especial de Música de Guayoyo en Letras. ¡Muchas gracias!